EVA O EL EXPRESIONISMO ONÍRICO DE PRINCIPIOS DE SIGLO XXI
EVA
“Una
mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un
monstruoso insecto”. Así comienza La
Metamorfosis, de Frank Kafka. Si esta proposición fechada en 1915 nos la
traemos al momento presente, es decir, casi un siglo después y cambiamos
escritor por pintor, Imperio Austro-Húngaro a comienzos de la I Guerra Mundial
por la Región de Murcia en la España europea azotada por la crisis económica y
de valores y, por último, sustituimos al atormentado y complejo Kafka, por el
ser atormentado y complejo que entierra al ser humano carente de valores para
resucitarlo desde la propia luz del interior, el resultado es Emilio Vieites
Aguiar.
Esta última afirmación, la luz que nace del
interior, no es baladí. Basta con asomarse a esta pintura para descubrir algo
novedoso e inquietante, tal vez comparable a logros como el dominio de la
perspectiva en el Renacimiento, la capacidad de
Velázquez de pintar la luz, el viaje a la soledad del romanticismo
alemán a través de sus paisajes o el cubismo sintético de Picasso y la imagen
fragmentada como trozos de espejo roto. En Emilio Visites Aguiar, a quien me
referiré en adelante como EVA (así firma sus obras), será característico ese
foco de luz que nace de las entrañas de la propia pintura para proyectarse al
exterior.
A ello hay que sumarle la reinvención del ser humano, un tema que no
es novedoso en la Historia del Arte, pero sí en el modo de enfocarlo por parte
de EVA. El arte Clásico propuso unos cánones a la medida del hombre, el período
medieval lo hizo a la medida de la Divinidad, el humanismo renacentista lo
vistió de racionalidad, el romanticismo lo exploró hasta una interiorización nunca
antes vista y en las Vanguardias del siglo XX se impusieron la creatividad y la
libertad de expresión sin exigencias academicistas concretas, aunque con un
enfoque relativamente científico.
En el arte de principio de este siglo XXI, la
imagen y los medios de comunicación van moldeando una dimensión tecnológica del
ser humano nunca vista hasta ahora. Los artistas juegan con el capricho
plástico movidos por sensaciones que van desde el recuerdo de objetos
domésticos del pasado hasta el desarrollo de auténticos programas
propagandísticos de enfoque ideológico, pasando por reinterpretaciones técnicas
o conceptuales. Dicho de otro modo: todo vale en el arte de hoy día.
Sin embargo, entre todas las propuestas
existentes, y dentro del exclusivo ámbito de la pintura, una vez consumida la
primera década de este siglo, encontramos lo que diferencia a EVA de sus
coetáneos: el antes y el después en el género humano, concretamente, a partir
del 11S y los atentados de Nueva York. Es entonces cuando EVA pierde la
referencia de lo que hasta la fecha había sido paraíso de retratos en la gran
mayoría de su producción inicial, le arranca un mordisco de realidad al mundo
que le rodea y no sólo se reinventa así mismo; junto a su metamorfosis,
reinventa a toda la humanidad como si en su conjunto fuese dada a luz de nuevo
desde su propio haz. La visibilidad o invisibilidad depende, en última
instancia, de la capacidad o de la incapacidad de cada cual para percibirla.
El delirio pictórico en EVA adopta la fuerza de
un expresionismo propio, en ocasiones de técnica mixta, en la que se perciben
claros símbolos que forman parte de su particular imaginería: fetos, rostros,
los edificios derrumbados en Manhattan, el rojo explosivo o el azul de la
reinvención. En definitiva, visiones de dentro hacia fuera de un visionario
capaz de interiorizar a través de la pintura el viaje de la humanidad y dejar siempre
abiertas las puertas a la esperanza en el ser humano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario